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Primero quiero confesar que de pequeña estaba muy acomplejada por tener las caderas anchas y el culo gordito. Los compañeros de clase se metian conmigo. Ya se sabe que a esa edad todos somos poco conscientes del daño que hacemos al decir con inocencia los defectos de los demas. Aunque lo cierto es que en mi aquello que parecia un peso, un problema para mi autoestima se ha convertido en mi mejor virtud. Al llegar a la adolescencia empiezas a preocuparte realmente de tu aspecto exterior. En mi grupito de amigas habia un poco de tod. Y cada una de ellas trataba de sacar lo mejor de ellas mismas. A mi me costó. No era cuestion de mejorar solo la diera, tambien es cuestion de ropa, complementos y por supuesto era cuestión de deporte. Solo que entonces no me fue facil entencerlo. Hasta que Pedro, un buen amigo de la niñez, me fue asesorando.
A los dieciseis años un niño es un novio o un desconocido, pero no un amigo. Y Pedro era seguramente entonces mi unico admirador y quien disfruto enormemente dandome su opinion en el tipo de ropa que debía vestir y las zonas que debía de trabajar mas en el gimnasio para moldearlas mejor. Se que os sonará raro pero lo metía incluso en los probadores de las tiendas para tenerlo bien cerca en mi elección. El me ayudaba a estar mas guapa para los demas chicos. Y desprecié su masculinidad hasta el punto de pedirle consejo en el modelo de tanga que mejor me quedaba. Hasta que descubri su erección. Escondida y dificilmente disimulada baja su pantalón. Seguramente estuvo ahi desde la primera vez que me acompaño a ir de compras. Desde la primera camisa que abotonó en el cambiador mientras yo me recogía el pelo y, con toda probabilidad, desde la primera vez que me ayudo a buscar un pantalón que se ciñera a mi culo y a mis caderas para potenciar unas curvas cada vez mas moldeadas por el deporte.
Me enfadé. Me sentí ofendida. Sentí violada mi intimidad. El era mi amigo y no tenia derecho a excitarse conmigo ni a tener ereccines en mi presencia. Yo le pedí consejo para la ropa, me lo traje al probador a mirar mi cuerpo para que la polla se le pusiera dura. Aquella primera vez que lo descubrí me quede de piedra y con la mayor brevedad acabamos con la ropa y nos volvimos a casa. No pensé en volver a llamarle. Esas cosas no se hacen a los amigos. Incluso pensé que podria estar masturbandose con mi recuerdo y sentí asco. Todos los hombres son iguales. Lo había oido miles de veces y aquella era la mejor mjuestra de ello. Mi mejor amigo masturbandose pensando en mi. Nunca mas.
Y pasaron cinco meses en los que no volví a compara ropa, y en los que ademas fui entendiendo la fisica y la quimica de los hombres. Hice un gran enfuerzo y al cabo de ese tiempo lo llamé. Ni le di ni le pedí explicaciones. Solo le dije que necesitaba tiempo para asumir algunas cosas, y que me disculpase si me veia rara en algunos momentos. Solo teniamos dieciseis años. Y el asintió. Y no solo comprendí que se trataba de algo involuntario sino que lo use a mi favor. Y, curiosidades del destino, cuanto mejor me quedaba la ropa mayor era la erección. Un verdadero termometro que no mentía. El problema era que despues de elegir la ropa interio la ereccion se quedaba permanente y le duraba horas. Era divertidisimo. Lo que me dio tanto asco ahora era imprescindible para elegir la prenda que mejor me quedaba, y los gestos, las posturas, las miradas y las palabras que mas le excitaban.
Y de todo lo que mas dura se la ponia era mi culo. Mi culo vestido con jeans, con ropa deportiva o solo con ropa interio. Mi culo era la piedra angular. Mi joya mas preciada y lo que debía de explotar con mas delicadeza. Y el me ayudo a posar. Me enseñó a ofrecer mi culo para seducir a los hombres. Aquel culo gorde de mi niñez y aquel amigo al que desprecié son el pasado. Hoy se perfectamente cuando poner culito en popa para llamar la atención, para excitar. O incluso cuando estoy en la cama con un hombre se el momento exacto en el que tengo que ofrecerme para que me follen por detras. Y a ellos les encanta.
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