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SACAR PECHO XXX
Es así tan sencillo como sacar pecho. Te pones un poco más derecha que de costumbre, respiras hondo y mantienes un poco el tipo. Y todo esta solucionado.
Trabajo en una pequeña tienda de artículos de regalo y recuerdos para turistas que visitan la zona. Y soy muy selectiva con los clientes. La comisión que saco por las ventas me obliga a ser incisiva y eficaz. Pero reconozco que mi par de tetas ayuda bastante.
Vienen muchos matrimonios. Son de todas las edades pero yo diría que en un alto porcentaje, rondan los cincuenta años. Un hombre de esa edad es sexualmente muy activo y puede que los pechos de su mujer no luzcan ya como debieran. Así que ahí están los míos para que llene los ojos de ellos. Mis compañeras se enfadan conmigo pero y se desde el primer momento que a este o a aquel cliente voy a venderle algo a poco que me contonee.
Me acerco con mirada inocente y con la sonrisa más simpática que puedo ofrecer. Les doy los buenos días y ellos me devuelven el saludo mirándome a las tetas. No pueden evitarlo. No pueden disimular. Son sexuales por naturaleza. Los hombres son así. Desde la primera mirada ya saben que mi pecho está bien dotado. Y no se conforman con saberlo. Claro que no.
Tienen que aprovechar cada uno de los momentos en que creen que estoy despistada para volverlos a mirar. Sabiéndolo como lo sé, cada vez que mis manos se dirigen a las estanterías para ofrecerle algún artículo e incluso cuando les digo lo bonita que es, mis ojos tratan en principio de no cruzarse con los suyos para permitirles que valoren bien el tamaño de mis pechos. Quiero que me los miren de frente y de perfil para que estén completamente convencidos de que son un buen par de tetas.
Caen como moscas en mi tela de araña seductora. De modo que la venta está cerrada antes de que ellos lo sepan.
Pero no creáis que todos sean tan fáciles de convencer.
Hay algunos que luchan consigo mismo para no mirar. Tal vez lo haga por educación creyendo que si lo hacen me voy a ofender. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que uso mis tetas para que se queden obnubilados y no sepan ni lo que compran. Pero también es cierto que a mí me gusta que me miren con esos ojos que lo dicen todo. Me pregunto cuantos de mis clientes se masturban el llegar a casa pensando en mis tetas. Supongo que se imaginan tocándomelas, pero apuesto a que la mayoría de ellos fantasea con ponerme la polla entre los pechos para que les haga una paja turca.
Seguro que no imaginan que como no tengo pareja es a mí a la que le gustaría sentir su erección aplastadita entre mis tetas.
Recuerdo un día en que entró un cliente muy atractivo. No era joven pero a mi me dan morbo los hombres mayores. Así que me anticipé a mis compañeras y lo recibí tan cordialmente como pude. Se comportó más o menos como todos. Miró mis tetas tan pronto como las tuvo delante y en lo sucesivo fue de reojo valorando el tamaño exacto de su volumen. Yo sabia que lo tenía en el bote pero el cuerpo me pedía más, así que bromee con picardía infantil y al hacerlo exageré el movimiento de mi cuerpo para que mis tetas botasen bajo la camiseta. Sus ojos enormes me las miraron. Y detrás de sus ojos una guarrería enorme supe que también se le vino a la mente. Con una mano me rasque la espalda y me arqueé un más. Note que sus mofletes enrojecían y con la misma mano desabroche el sujetador. Ahora mis enormes tetas no solo botaban sino que al menor movimiento se movían libres como el viento.
Ya no sabia donde miraba y puede que no recordara ni a lo que había venido. Quise calentarlo un poco más y cogí de las estanterías una pieza que quedaba detrás de él. Y al hacerlo me acerqué tanto que mis tetas se aplastaron contra su cuerpo. Con falsa inocencia le pedí perdón. No supo contestar. La sangre en lugar de a la cabeza debía de estar acumulándose en la entrepierna de mi cliente y eso le impedía razonar así que volví a reír intensamente mirándolo a los ojos.
La imagen de mi pecho prominente, el baile de cada teta acompañando mi risa y el reciente contacto era demasiado para mantener la compostura. Pero se me acerco lentamente al oído y con palabras muy correctas me dijo el número de la habitación del hotel en que estaba, y la hora a la que su mujer se iba a la piscina. Su estado hormonal casi le hacía suplicar. Y yo, que necesitaba un buen polvo desde hacia días, acepte cordialmente la invitación. Claro que quería follármelo. Lo necesitaba y lo deseaba. Y al final pensé: lo dejaré correrse sobre mi pecho o le haré una buena paja turca con este buen par de tetas que mi madre me dio.
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