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ETAPAS DEL SEXO XXX
Pues yo había tenido antes otras relaciones con chicos bastante guapos, sin embargo nunca había llegado a sentir lo de ahora.
Por supuesto que he estado enamorada, y que he hecho locuras con tal de estar al lado del chico en cuestión. Sencillamente que estas ganas de sexo que tengo ahora no las había tenido nunca. Antes tal vez era más cuestión de investigar y descubrir lo que eran las relaciones con hombres y ahora es pura necesidad y casi podría decir que también es vicio.
Me despierto pensando en el polvo del día anterior y de los sueños húmedos que he tenido durante la noche imaginando que tenía su polla en mis manos y que podía acariciarla continuamente y hacer con ella lo que se me antojase.
Durante la mañana en la oficina, continuamente me desconcentro imaginando que follamos en una nueva postura y que el sexo es aun más explosivo que nunca. Con la cara que sé que se me queda solo espero no haber emitido nunca un gemido. Y es que cuando estoy zambulléndome en mis pensamientos lo hago tan profundamente que confieso acabar húmeda. Y me encanta.
A la hora del almuerzo es cuando más ganas tengo de cachondeo. Debe de ser que mi ritmo hormonal es así. Porque cuando todas mis compañeras están hasta el último pelo de trabajo yo sonrío y, sin que se den cuenta, aprieto las piernas bajo la mesa del restaurante para contraer los músculos de la vagina.
Y después de la tempestad viene la calma. Durante unas horas mi rendimiento intelectual, ya era hora, se concentra en mi trabajo. Supongo que también responde a un ritmo hormonal "intradía" que diría un experto.
Pero en cuanto el reloj marca las siete de la tarde y es solo cuestión de minutos que vuelva a reencontrarme con mi chico, el sexo vuelve a mi cabeza y de sexo creo q mi coño inunda toda la oficina. Seguro que un perro podría olerme a cientos de kilómetros de distancia. Me lo imagino en casa esperándome, duchado, en el sofá, en pijama y con la colita dormidita esperando que yo llegue a despertarla. Ardo en deseos de sentirla de nuevo dura entre mis manos y sobre todo dura entre mis piernas.
Como decía al principio jamás había sentido esta necesidad de sexo con otros chicos. Casi puedo decir que nunca había estado tan obsesionada con nada. Y eso que las mujeres adoramos a los cantantes y futbolistas.
Con toda seguridad he pasado a una nueva etapa en el descubrimiento de mi propio cuerpo y ya no ando avergonzada practicando nuevas posturas sino que me tiro en plancha al placer del sexo sabiendo que con mi disfrute goza también mi chico.
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