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SEXO CON LA NIÑERA XXX
Hace unos meses que contratamos una niñera para los momentos en que no podíamos ocuparnos de nuestra niña de solo tres años.
Aunque la eligió mi mujer, de entre doscientas chicas que se hubieran presentado, yo también la hubiera elegido a ella. Casi preferiría no decir lo que pienso por no parecer ordinario pero es tan terriblemente atractiva que no solo no podré contenerme sino que os contare que en una ocasión no puede evitar insinuarme y acabamos haciendo lo que estáis imaginando sobre el sofá.
Llegué a casa a eso de las seis de la tarde y mi mujer aun tardaría dos horas. La niñera estaba leyendo cómodamente una revista en el sillón porque mi niña se acababa de quedar dormida, y yo, tras saludarla silenciosamente con una sonrisa me dispuse a ducharme.
Saberme solo en casa con la niñera hizo que se me pusiera dura y que en los veinte minutos que estuve en el cuarto de baño no dejase de pensar en el sexo. Me vestí cómodamente y tomé de la nevera una cerveza para acompañarla. Debían de leérseme las ideas a través de los ojos y tal vez mi entrepierna olía a sexo porque, desde el primer momento, ella también me miro con intenciones poco decentes.
Bromeamos un poco y tras unas risas la polla se me puso ligeramente dura pero no pude disimular de ninguna manera el creciente bulto y a ella no pareció sorprenderle verme sediento de su sexo. Con lo que me parecieron miradas y gestos bastante expertos se acercó hasta mí y acabo de desmoronarse mi voluntad. La besé mientras la desnudaba y ella me susurró al oído palabras que me niego a reproducir pero que tuvieron la virtud de convertirme en un verdadero animal de sexo.
Sabíamos que teníamos que guardar silencio y que todo habríamos de hacerlo casi sin respirar, lo que le dio a la situación un morbo extraordinario. De hecho cuando la punta de mi polla encontró por fin la entrada de su coño y penetre los primeros centímetros creía que chillaría de placer, y sin embargo tuve que tragarme lo que iba a ser una autentica llamada de la selva. El sexo tan espontaneo nos hizo empezar y casi acabar al mismo tiempo. Las hormonas estaban tan desatadas, tan a flor de piel que fue un visto y no visto. Mi semen inundo su entrepierna y su vagina en un clímax total casi estrangula mi miembro.
Caímos fulminados al sofá y nos miramos divertidos. Nos vestimos rápidamente y agotados como estábamos decidimos encender la tele y hacer como si nada hubiera sucedido. Pero mi polla aun me palpitaba entre las piernas con una erección que se resistía a desaparecer.
El olor a sexo debía de inundar la estancia porque sentí que ella apretaba con disimulo las piernas. Pero el tiempo estaba ya cumplido y lo pasado, pasado estaba.
Tal vez otro día si las circunstancias se repiten el sexo acuda a nuestro encuentro. ¿Quién sabe? Habrá que esperar.
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