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SEXO EN LAS CLASES DE DANZAXXX
Los comentarios que le hago a diario a mi profesora de danza rozan la ordinariez. Y aunque sé que me arriesgo en cada palabra a la alarma de mis compañeras me siento absorbido por sus virtudes físicas.
Soy el único chico de la clase, así que soy el osito de peluche al que todas abrazan. Siempre andan bromeando conmigo y coqueteando. Pero no llegan al nivel de obsesión que yo tengo con la profe.
Las mayas que usamos y estar desnudo son cosas muy semejantes. Así que el sexo no brota en mi mente de forma espontánea. Los abusos sexuales a los que mis compañeras me someten, que ya digo que son leves, también son continuos por la prominencia de mi paquete durante las clases. Y después de la hora que pasamos cada día juntos en el conservatorio, las fantasías sexuales, evidentemente no se me ocurren por ser un retorcido.
Ver a veinte chicas de cuerpos esculturales gobernadas por la capitana del barco, moviendo sus cueros y adoptando posturas sacadas seguramente del Kama Sutra es, si ustedes me lo permiten, como para cerrar los ojos y pensar que uno practica sexo con ellas hasta la saciedad.
Pero las quiero tanto como amigas que algo dentro de mí, aunque me deja imaginarlas desnudas, me impide masturbarme con sus recuerdos. Lo de mi profesora es arena de otro costal. No solo imagino tener sexo con ella, sino que me la follaría si pudiera varias veces por día.
Sus tetas, su culo, su boca. Todo en ella es perfecto. Y si pudierais verla con esas ropas que usamos para la danza comprenderíais que está hecha para ser observada y para el sexo.
Está casada y es mayor que yo, así que jamás le reconoceré lo que pienso. Pero el día menos pensado como se me calienten mucho los motores juro que llamo a su marido y le pido permiso para follármela. Que más le da que yo le eche un polvo. Él lleva toda la vida practicando sexo con ella. Por una vez que se la meta yo...
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