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SEXO SALVAJE XXX
Recuerdo aquella vez que estuvimos en una cena con compañeros de trabajo. Todos con sus parejas y, prácticamente, todos un poco avergonzados al no conocernos.
Sin embargo servido ya el primer plato la velada empezó a transcurrir de forma tan amena que las risas se sucedían unas detrás de otras. Y las botellas de vino también.
Así que en el primer descuido, y con los coloretes ya subidos, le pedí a mi chico que me acompañara el baño, que por lo visto la puerta cerraba mal y necesitaba su ayuda. Y sí que necesitaba su ayuda pero la puerta cerraba perfectamente. Era mi coño el que estaba abierto y con urgencia precisaba de un poco de comida. Y como soy como soy, al salir del baño solo unos minutos después, todos nos miraron con sonrisas cómplices sabiendo que habíamos tenido sexo en el baño.
Mi chico siempre me regaña por gritar tanto cuando follamos. Y no lo puedo remediar. Soy muy salvaje en el sexo y los gritos forman parte de ello. El caso es que cuando estamos en casa, por lo menos estamos en casa y los vecinos ya nos conocen. En cambio cuando estamos en cualquier otro sitio y a mí me da un apretón de los míos, el sexo que necesito es igual de salvaje que si estuviésemos en nuestro esplendido sofá del salón.
La foto que os he mandado es una que me tomó mi chico en el viaje a Punta Cana. En una de las jornadas que tuvimos visitando zonas boscosas se me desataron de nuevo los instintos salvajes y necesitaba sexo a manos llenas. Y sobre un puente colgante me desnude, y de rodillas con el culo en popa, caminé hacia mi chico con la cara de vicio que se me dibuja en cada célula de forma inevitable.
Cuando él me ve venir de esa manera ya sabe que el sexo que vamos a tener no es el de besitos y caricias. Él sabe perfectamente que necesito que me penetre con fuerza y que me apriete los pechos con energía porque soy un animal desbocado.
Aquel día en aquella zona salvaje del Caribe los animales debieron de sentirse como acompañados de monos o de cualquier animal que expresa sus emociones a viva voz. Recuerdo que cuando me corrí, el orgasmo fue tan explosivo, que con el grito final levantaron el vuelo muchas aves de colores y os prometo que me sentí como Eva en el Paraíso.
Eso no es sexo es realmente ir directa al paraíso.
Si visitáis lugares como estos no dudéis en salir un poco de la rutina y follar en cualquier rincón. El sexo tiene otro sabor. Os lo digo yo.
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