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SI NO HAY REGALO NO FOLLAMOS XXX
A los niños que en la escuela me hacían los deberes les dejaba tocarme una teta. Al que cargaba con mis libros hasta mi casa al salir por las tardes le prometía que al día siguiente podrían tocarme el culo con las dos manos. Si en una discusión tenían el valor de defenderme era muy probable que les diera un beso en los morros. Y a los que cumplían todas mis exigencias pero además eran guapos, esos y solo esos, tendrían la suerte de tocarme el chochito.
Mi marido no sabe nada de mi pasado, no creo que sea conveniente que sepa que de niña fui tan guarrilla. Aunque seguro que se lo imagina. Y es que hoy sigo haciendo con él las mismas cosas de entonces.
De sobra sabe que si no me da una alegría no se folla.
Mantenemos a nuestros cuarenta y cinco años una media de un polvo semanal. Eso significa que cada semana quiero un nuevo perfume, una camiseta o jersey, o simplemente unas flores. Ya sé que es chantaje. Soy una gran folladora pero sencillamente no entiendo lo de follar si no es como recompensa por un trabajo bien hecho.
Tengo un armario que es la envidia de cada mujer. Aunque no todas las prendas tiene el mismo valor. Hay algunas veces que para recordarle que quiero algo, un conjunto de pantalón y camisa algo más caro por ejemplo, tengo que follármelo días antes. Y cuando recibo el regalo tengo que follármelo otra vez.
Creo recordar que lo que más trabajo me costó fueron unos pendientes de diamantes. Son divinos de la muerte. Pero tuve no solo que follar infinidad de veces diciéndole al oído que estaba deseando tenerlos, sino que tuve que hacerle otras tantas mamadas. No creo que una puta folle en una semana lo que yo tuve que follar en aquellos días. Todo tiene su recompensa y al final los conseguí. ¡Soy tan feliz!
Reconozco que algunas veces también me entran ganas de sexo, solo que me reservo para pedirle un nuevo regalo. La vida es un negocio de principio a fin.
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