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¿SI TE LA CHUPO ME PERDONAS? XXX
Soy una persona muy indisciplinada. No puedo evitarlo, es algo que me viene en los genes, algo que tengo de fábrica. No recuerdo haber llegado ni una sola vez a tiempo a una de mis citas. Jamás recuerdo el nombre de las personas que me presentan y si alguien me dice que le guarde un secreto, las palabras me arden en la boca hasta que acabo por contarlo. Imagina lo que me cuesta dejar de fumar.
Y todo eso junto es lo que tiene que aguantar mi novio. Ayer sin ir más lejos olvidé que habíamos quedado y me fui con las amigas. La cara con la que me recibió al llegar a casa lo decía todo. Lo bueno es que con los años nos vamos conociendo y ya le voy cogiendo los puntos. El no sabe como cambiarme a mí, pero yo si se como disculparme. Le pongo carita de niña buena, le pido mil veces perdón y le prometo chuparle la polla todo el rato que quiera. Y nunca me dice que no. Insiste en que un día se cansará aunque hasta el momento con chupársela todo vuelve a la normalidad.
No es algo que me importe, al contrario le chupo la polla con mucho gusto. Cierto es que algunas veces me ha tenido dándole chupetones del capullo tanto tiempo, como castigo, que ya sentía que la mandíbula se me desencajaba. Es el precio que hay que pagar por ser así de despistada. Solo que la intensidad con la que se la chupo, o la cara de guarra que pongo es proporcional al disgusto que tenga.
Un día estaba tan molesto por mis olvidos que ni siquiera se le ponía dura. Así que tuve que hacer lo imposible por meterme sus quince centímetros de polla en la boca para hacerle una mamada de esas de garganta profunda. Jamás antes se la había chupado así y se noto la inexperiencia. Lo pase fatal. También en aquella ocasión tuve que dejar que descargara hasta la última gota de semen en mi boca. De todas las veces que se la he chupado, que deben de ser cientos, esa fue sin duda la mejor mamada de la historia.
Soy una experta en chupar pollas y en pedir perdón, es lo único que se me ocurre.
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